Sillogomanía: comprender este trastorno discreto que invade la vida cotidiana

Un cajón que ya no cierra, pilas de periódicos sobre la mesa de la cocina, bolsas amontonadas en el pasillo. La acumulación a menudo comienza con objetos anodinos, guardados “por si acaso”. La síndromomanía designa precisamente este trastorno: la incapacidad persistente para deshacerse de objetos, incluso cuando ya no tienen utilidad. Lejos de ser una simple falta de orden, este comportamiento termina por invadir el espacio vital hasta hacerlo difícilmente habitable.

Lo que el DSM-5 ha cambiado para el diagnóstico de la síndromomanía

Durante mucho tiempo, la acumulación compulsiva se asociaba al trastorno obsesivo-compulsivo. Los familiares, los médicos de cabecera, a veces incluso los psiquiatras la trataban como un síntoma secundario. Desde el DSM-5 publicado por la American Psychiatric Association en 2013, y luego confirmado por el DSM-5-TR en 2022, el trastorno de acumulación compulsiva se reconoce como un diagnóstico independiente.

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Esta distinción tiene consecuencias directas. Un paciente identificado con este diagnóstico puede acceder a protocolos de terapia cognitivo-conductual diseñados para la acumulación, no para el TOC clásico. Los mecanismos cognitivos no son los mismos: en el TOC, la persona actúa para reducir una ansiedad relacionada con un pensamiento intrusivo. En la síndromomanía, la dificultad para deshacerse de objetos está relacionada con un apego emocional a ellos o con un miedo a perder información potencialmente útil.

Puede consultar Passez l’info en línea para comprender mejor los aspectos discapacitantes de esta patología en la vida diaria.

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La confusión persiste en el gran público entre síndromomanía y síndrome de Diógenes. El síndrome de Diógenes asocia la acumulación con una negligencia corporal severa y un aislamiento social extremo. No toda persona síndromomana está en situación de Diógenes, y esta matización condiciona el tipo de acompañamiento propuesto.

Mujer de mediana edad en una cocina abarrotada de objetos acumulados, reflejo de la vida cotidiana afectada por la síndromomanía

Signos concretos de acumulación compulsiva en la vivienda

¿Ha notado ya en un ser querido que algunas habitaciones ya no son accesibles? ¿Que la bañera se usa como almacenamiento, que la cama está cubierta de ropa nunca usada? Estas situaciones no son desorden ordinario. Señalan un trastorno cuando cumplen tres condiciones simultáneas.

  • Los objetos acumulados obstruyen los espacios vitales hasta impedir su uso normal (cocinar, dormir, lavarse)
  • La persona siente un malestar real ante la idea de deshacerse de ellos, incluso de objetos sin valor comercial como envases o folletos
  • La acumulación provoca una alteración del funcionamiento diario: dificultades en las relaciones sociales, riesgos sanitarios, conflictos con los vecinos o el arrendador

El trastorno a menudo comienza de manera discreta, generalmente en la adolescencia. Los primeros signos pasan desapercibidos durante años. La agravación es progresiva y se acelera tras un evento vital desestabilizador: duelo, separación, pérdida de empleo, mudanza.

Acumulación post-Covid: un fenómeno documentado

Trabajos publicados en el Boletín Epidemiológico Semanal de Salud Pública Francia en 2023 han señalado un aumento en los reportes de hábitats degradados en París durante y después de la pandemia de Covid-19. Las personas mayores que viven solas han sido particularmente afectadas. Los confinamientos sucesivos han actuado como un revelador, a veces como un acelerador de trastornos de acumulación ya latentes.

El aislamiento social prolongado suprime la mirada externa que, en un funcionamiento normal, actúa como un regulador. Sin visitas, sin interacciones regulares, el espacio vital se transforma sin que nadie lo note.

Mecanismos psicológicos detrás de la dificultad para deshacerse de objetos

¿Por qué guardar un ticket de compra de 2014 o treinta cajas de zapatos vacías? Desde fuera, el comportamiento parece irracional. Para la persona afectada, cada objeto lleva una carga: un recuerdo, una posibilidad futura, un sentimiento de seguridad.

La investigación en psicología cognitiva identifica varios sesgos en juego:

  • El sesgo de utilidad potencial: “podría servir algún día” justifica la conservación de casi todo
  • El apego emocional desproporcionado: un objeto banal se convierte en el soporte de un recuerdo o de una identidad
  • La sobrecarga decisional: frente a cientos de objetos, la clasificación se vuelve paralizante y la persona termina por no desechar nada
  • El miedo al desperdicio, a veces relacionado con una historia familiar de privación o precariedad

Estos mecanismos también explican por qué una simple limpieza forzada no resuelve nada. Vaciar una vivienda sin trabajo terapéutico previo provoca a menudo una recaída rápida, acompañada de un malestar incrementado.

Sesión de terapia entre un profesional de salud mental y un paciente que sufre de síndromomanía en un consultorio minimalista

Terapia cognitivo-conductual adaptada a la acumulación

La atención más documentada se basa en la TCC especializada. Este protocolo no consiste en aprender a ordenar. Se centra en los pensamientos automáticos relacionados con los objetos y entrena a la persona a tomar decisiones de clasificación graduales, en un marco seguro.

El terapeuta trabaja en casa con el paciente, en el entorno real. Las sesiones en consultorio por sí solas no son suficientes: la transferencia de habilidades debe hacerse donde existe la acumulación. Cada sesión se centra en un espacio limitado (un cajón, una bolsa, una estantería) para evitar la sobrecarga.

Lo que la TCC no hace

No reemplaza un acompañamiento social cuando la vivienda es insalubre. En situaciones graves, es necesaria una coordinación entre servicios sociales, arrendador y equipo de limpieza especializado. El desalojo solo, sin seguimiento psicológico, resulta en la gran mayoría de los casos en una re-acumulación en unos pocos meses.

Algunos medicamentos (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) a veces se prescriben como complemento, especialmente cuando coexiste un trastorno depresivo o ansioso. No tratan la acumulación en sí, pero pueden reducir el malestar asociado lo suficiente como para hacer accesible la terapia.

La síndromomanía sigue siendo subdiagnosticada, en parte porque las personas afectadas rara vez consultan por su propia iniciativa. La identificación a menudo depende del entorno, los trabajadores sociales o los profesionales que intervienen a domicilio. Nombrar el trastorno sin juicio sigue siendo el primer paso hacia una atención adecuada.

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